¿Estatus social o intervenciones eficaces?

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En un grupo de activistas por los animales, cada miembro se ve presionado a destacarse y llamar la atención para ser reconocido y ganar estatus social.

Los activistas quieren ayudar a los animales y quedar bien con su grupo. Y lo problemático es que muchos sacrifican su capacidad de ayudar a los animales con tal de ser bien vistos.

Si nos enfocamos demasiado en ser vistos como héroes podemos llegar a olvidar que lo que realmente importa es ayudar a los animales.
¿Hasta qué punto la búsqueda de estatus puede perjudicar a los animales?

Podemos imaginarnos que al principio todos los activistas son muy calmados hasta que uno de ellos se arriesga a agarrar un megáfono y hablarle al público con convicción.

Ese activista tomó un riesgo. Se expuso, y por haber tenido el coraje de hacerlo es considerado como un héroe que está realmente comprometido con la causa.

Y aquí las cosas se empiezan a poner difíciles, ya que muchos otros también quieren llamar la atención para ser vistos como héroes.

Es así como se puede inaugurar una competencia por quién puede realizar el acto más vistoso y los mayores sacrificios en nombre de la causa:

  • Después del activista del megáfono, puede surgir otro grupo de activistas que decide ir a la plaza pública más notoria de su país y hacer un simulacro de la experimentación animal.

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  • Otra forma de demostrar compromiso es pasar la mayor parte de nuestro tiempo criticando a quienes son “menos veganos”.
  • Los activistas pueden llegar a marcarse a sí mismos con metal caliente como si fuesen víctimas de la explotación.

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  • El activista más valiente es el que pone en riesgo su salud del modo más radical, ya sea con una huelga de hambre o con otro tipo de actos que impliquen la posible muerte de la persona.

Y a esta altura, creo que ya se dieron cuenta de lo que sucede.

Quizás muchas de estas actividades y acciones llamativas que mencioné pueden ser útiles y eficaces. Y quizás los activistas que las realizan tienen deseos muy genuinos de ayudar a los animales.
Pero lo cierto es que aún no disponemos de demasiadas evidencias o razonamientos fuertes para probar que sean efectivas a la hora de ayudar a los animales. En algunos casos, estas acciones se realizan porque los activistas están parcialmente motivados por su deseo de ser reconocidos o porque no son lo suficientemente curiosos.

El deseo de ser reconocidos nos lleva a hacer cosas llamativas que quizás terminan perjudicando a los animales. Y lo realmente problemático es que hacer cosas llamativas beneficia a cada activista individual que las hace.

Ganar estatus social mejora la vida de cualquiera al darle el amor y el respeto de sus pares. Pero si la forma que usamos para ganar estatus implica tirarnos pintura roja y hacer que nos marquen con metal caliente, quizás podemos estar perjudicando a los animales en el proceso. Como mínimo, si nos importan los animales deberíamos ser muy curiosos respecto a esa posibilidad.

Todos nos vemos llevados a hacer acciones llamativas y a suspender nuestra curiosidad. Una vez que la carrera por estatus ha comenzado, el individuo que decida mantenerse al margen puede verse perjudicado. Quienes son “moderados” pueden ser vistos como activistas que no están lo suficientemente comprometidos.

Así es como los incentivos sociales están dados para premiar acciones extremas que pueden dañar a los animales, o que están lejos de ser las óptimas.

Y todo esto no significa que los veganos sean peores que los miembros de otros movimientos sociales. El problema está en que tenemos cerebros irracionales que están hechos para obsesionarse con obtener estatus social.

Si fuésemos una especie animal a la cual le vuelven a crecer los miembros, quizás algunos activistas se mutilarían en las plazas públicas y lanzarían su sangre y partes de su cuerpo por todos lados. Quizás hasta sería algo común.

“Hey, si no estás dispuesto a arrancarte un brazo en público, no eres un gran activista”.
Es fácil pararnos desde afuera y decir “¡es obvio que solo hay que hacer actividades eficaces y no marcarse en público o arrancarse brazos sin antes evaluar muy detenidamente si eso ayuda a los animales!”
Pero debemos recordar que todos estamos bajo la influencia de muchos incentivos sociales. Las acciones extremas benefician a quienes las hacen, y quienes no las hacen pueden estar en desventaja social.

Algo que afortunadamente le ha puesto límites a este problema es el surgimiento de una corriente de activistas y organizaciones comprometidas con ayudar a los animales de la forma más eficaz posible.

Si todos valoramos la investigación y aprendemos a apreciar más las acciones eficaces, podemos hacer que la situación se mejore sustancialmente.

El problema es que esta forma de ver las cosas no es intuitiva para el funcionamiento de nuestros cerebros. Los humanos naturalmente consideran las acciones más llamativas y arriesgadas como un signo de que alguien está comprometido con una causa. Lamentablemente, las acciones más útiles para los animales no suelen ser ni llamativas ni arriesgadas; son intervenciones tales como repartir panfletos o hacer publicidades online.

Ojalá las acciones más llamativas y que le dan más prestigio a los activistas fuesen las mismas que más ayudan a los animales. Pero en la realidad suele ocurrir lo opuesto.

Sin embargo, es posible que algunas acciones llamativas sean a la vez muy eficaces. Pero debemos ser muy atentos y honestos a la hora de evaluarlas.

Mi intencion no es desprestigiar las actividades llamativas. Hay algunos motivos para creer que pueden ser útiles, como su capacidad para volverse controversiales y virales, y creo que ciertas intervenciones llamativas como las protestas tienen un potencial altisimo si son bien ejecutadas.

El problema es que las desventajas de las actividades llamativas también pueden ser notables, y deberíamos pensar más en el tema para determinar si valen la pena y cómo realizarlas de la mejor forma. Y algunos de los activistas que hacen ese tipo de actividades no lo han pensado.

Lo importante es fomentar la curiosidad y pensar qué es lo que motiva a los activistas. Tengamos en cuenta esta lógica de los grupos, según la cual hay incentivos sociales fuertes que premian el odio hacia quienes no pertenecen a la tribu y las acciones extremas por sobre otro tipo de acciones menos llamativas pero que probablemente sean mas útiles para los animales.

Que el deseo de ser queridos por nuestro grupo no ocupe todo nuestro pensamiento y nos lleve a anular nuestra curiosidad respecto a si las acciones que realizamos ayudan o perjudican a los animales.

No digo que buscar estatus social sea malo, pero debería ser un objetivo secundario. Lo más importante siempre es ayudar a los animales. Por eso, antes de realizar una acción, preguntémonos:

¿Por qué vamos a hacer esto? ¿Qué es lo que nos está motivando? ¿Acaso hay evidencias o razonamientos que lo respalden? ¿Realmente creemos que esto que estamos por hacer va a ayudar a los animales?

Si nos hicimos estas preguntas y seguimos pensando que la acción llamativa que queríamos hacer puede ayudar a los animales, entonces hagámosla. Pero primero tenemos que hacernos esas preguntas porque nuestros cerebros no vienen preparados para ser eficaces, sino para buscar el afecto de otros humanos.

Si quieres ayudar a los animales eficazmente, te recomiendo la serie de textos sobre activismo animal eficaz.
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