¿Cómo hacer que nuestros grupos tomen mejores decisiones?

Foto de Chelsea Marshall
Foto de Farm Sanctuary, por Chelsea Marshall

Cuando un grupo se enfrenta a un problema complejo, sus integrantes no tardan en ofrecer soluciones. De hecho, parece que mientras más complejo es el problema, más rápido llegan las respuestas.

No es raro que un grupo crea que puede resolver problemas complejos de coordinación, optimización y activismo eficaz ofreciendo soluciones que pensaron en menos de 10 segundos.

Y esto es realmente negativo:

  • La solución fue elaborada en muy poco tiempo, por lo cual es probable que no sea la óptima y que haya sido elaborada sin tener en cuenta toda la evidencia disponible.
  • Una vez que un miembro del grupo menciona una solución, se identifica con ella y la defiende como si su estatus social dependiera de ello, lo cual complica el análisis.
  • La solución mencionada dificulta la capacidad del grupo para pensar en otras mejores.

Debemos respetar a las personas, y no las creencias. Nuestro objetivo debe ser buscar la verdad y descartar creencias inútiles. El problema con eso es que las personas se identifican con sus creencias, sobre todo si las mencionaron frente a otros. De modo tal que si destruimos la creencia bruscamente, es muy probable que la persona se sienta ofendida.

Al refutar a alguien, puede parecer que insinuamos que la persona no sabe pensar y es tonta. Por eso muchos defienden sus creencias incansablemente, a fin de no ser vistos como tontos o inferiores a quien los corrigió.

Cuando los miembros de un grupo dan soluciones rápidas a problemas complejos, se encariñan con su respuesta y la defienden más de lo que está justificado por la evidencia.

Otro problema es que si la solución propuesta es decente, todo el grupo puede aceptarla rápidamente. Pero que una solución sea buena no significa que sea óptima.

Para mejorar la toma de decisiones en grupo, recomiendo lo siguiente:

  • Discutir en grupo las características y detalles del problema, a fin de que todos sean conscientes de la evidencia disponible y puedan pensar a partir de ella.
  • Empezar a ofrecer soluciones solo cuando se hayan discutido todos los aspectos del problema.
  • Que quede en claro que es completamente aceptable cambiar de ideas. Quien está dispuesto a dejar una idea que propuso está siendo racional. Es algo positivo, no un signo de debilidad.
  • Cada vez que nuestro cerebro genere una respuesta intuitiva, tomemos un momento para considerar lo opuesto y pensar todos los motivos por los cuáles nuestra idea puede ser falsa. Es especialmente importante que hagamos esto cuando se trata de un problema serio. ¡Curiosidad!
  • Muchas veces la otra persona no sabe presentar bien su posición y es fácil refutarla. Si realmente nos interesa la verdad, pensemos en fortalecer la posición de la persona con la que estamos debatiendo. Solo vamos a poder probar la fuerza de nuestra posición si tenemos en cuenta la mejor versión posible de los argumentos en contra.
Se llama “hombre de paja” a la falacia que consiste en empeorar los argumentos de la otra persona y ridiculizarlos, para luego poder destruirlos fácilmente. Alguien racional tiende a hacer exactamente lo opuesto: un “hombre de acero”. Para poder hacerlo, tenemos que ver al debate como una colaboración hacia la verdad, no una lucha entre clanes.

Es muy importante que los grupos mejoren progresivamente su capacidad para tomar decisiones. Si el grupo se dedica a tareas altruistas, una mejora en la toma de decisiones puede resultar en intervenciones más eficaces, lo cual contribuye a concientizar al público y salvar vidas.

Si te interesa saber más sobre la eficacia y la racionalidad de los grupos, lee:

Ya que estás aquí, deberías revisar y compartir los textos que escribí sobre activismo animal eficaz. Están basados en las mejores investigaciones de grupos como Animal Charity Evaluators y The Humane League, y en muchos estudios de psicología.

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