La curiosidad salva animales

Supongamos que una tal Érica tiene una página de Facebook sobre Veganismo con miles de seguidores. Érica decide que sería bueno llamarle la atención a los vegetarianos por su participación en la industria de los lácteos y los huevos.

¿Qué método elige? Una imagen que traza paralelismos entre esas industrias y el holocausto judío.

La imagen recibe unos cuantos Likes de veganos, e incluso hay uno o dos vegetarianos que preguntan cómo pueden dejar de consumir esos productos.

Si le preguntas a Érica sobre la efectividad de su método, te dirá “Oh, pero mira, aquí hay vegetarianos preguntándome cómo pueden hacer su transición. Verás, ser directo y decir la verdad siempre funciona, aunque se pueda parecer agresivo.”

O quizás te dirá algo similar pero con mucha soberbia, dándose una palmada en la espalda por la buena obra realizada… “Consigo que vegetarianos cambien y que la comunidad me dé Likes, ¿y a pesar de esto dudas de mi método?”

Vamos Érica, seamos curiosos por un momento. El activismo no se trata de conseguir Likes. Se trata de nuestra responsabilidad de ayudar a los animales eficazmente.

Vemos los Likes y vemos a las personas que quieren cambiar, pero…

¿Acaso vemos a todas las que se indignaron y se hicieron la idea de que los veganos son agresivos?

Las redes sociales no tienen un botón de Dislike. Ignorar que podríamos estar alejando a muchas más personas de las que acercamos es un fracaso de la imaginación.

Como solo podemos ver los Likes, nuestra muestra siempre estará sesgada. Si no tenemos alguna forma de saber a cuántas personas les desagrada la publicación, no podemos evaluar si esta fue eficaz.

De hecho, es probable que la publicación haya hecho más daño que bien. Los veganos que ya están de acuerdo con el mensaje le dan Like y la comparten, lo cual hace que le llegue a muchas más personas. Si la publicación produce más rechazo que agrado, entonces esta puede terminar alejando a miles de personas de nuestro mensaje.

Y como no hay Dislikes, si no somos curiosos podemos estar haciendo un daño enorme sin saberlo.

Lección I: Busca una forma de medir o predecir el éxito y las consecuencias de tus publicaciones.

Si no tienes tiempo y recursos para hacer una encuesta o un pequeño estudio que te permita cuantificar el éxito de tus publicaciones, al menos investiga y pregúntale a otros qué piensan al respecto.

Si ni siquiera tienes tiempo para eso, utiliza como guía los principios básicos de la psicología y del diseño de materiales de difusión. Estos te permitirán predecir las consecuencias.

Es un hecho firmemente establecido por decenas de estudios que tratar de convencer a otros siendo agresivos para generar culpas no funciona. Es un hecho básico de la psicología humana que comprendemos muy bien. 1 Nick Cooney, Change of Heart.

Puede ser tentador señalar con el dedo, pero si realmente nos importan los animales, debemos abstenernos de hacerlo. Lo que sabemos de psicología nos permite inferir que esto no funciona y que, por el contrario, hace daño.

Quien insista en esas acciones debería buscar evidencias sólidas de que el método genera cambios sociales de modo eficaz. Pero lo que conocemos hasta ahora va en la dirección contraria.

Érica falló al ignorar los posibles efectos negativos de su publicación y al no tener en cuenta cuestiones básicas de psicología.

Nuestra tarea como activistas implica convencer a otros humanos, por eso es indispensable que tengamos en cuenta a la psicología para lograr cambios sociales importantes.

El último fallo de Érica fue no haber sido lo suficientemente ambiciosa como activista.

Que una acción ayude a los animales no significa que sea la mejor o que todas den igual. Hay acciones que son cientos y hasta miles de veces más eficaces que otras.

Como activistas, nuestra tarea es la de apuntar siempre a las mejores acciones posibles.

Lección II: Como activistas deberíamos apuntar a más que hacer “algo de bien”. Deberíamos procurar hacer la mayor cantidad de bien posible con los recursos que tenemos.

Que una acción tenga buenas consecuencias no es suficiente. Debemos preguntarnos: ¿Es esto lo mejor que podíamos hacer?

Idealmente, nuestro trabajo no se debería basar en preferencias personales, sino en datos certeros sobre cuáles acciones son eficaces y cuáles no.

Todo esto no significa que debamos angustiarnos por no hacer lo mejor posible. No debemos sacrificar nuestra felicidad. Pero sí le debemos a los animales el hacer un buen intento.

Si investigando y pensando un poco más podemos hacer algo que salve a muchos más animales, sería genial hacerlo.

 

Ver también:

Notas y referencias   [ + ]

1. Nick Cooney, Change of Heart.