Racionalidad Grupal (1): Cultos, águilas y serpientes

Cultos

Estos textos son herramientas para que dejemos de formar parte de cultos y construyamos comunidades racionales que mejoren el mundo.

La psicología nos muestra que todo conjunto de humanos tiende a transformarse en un culto.

Del mismo modo que una taza caliente tiende a enfriarse cuando se encuentra a temperatura ambiente, todo grupo tiende a transformarse en un culto en la ausencia de un esfuerzo activo por ser racional.

El potencial para las bajezas humanas más grandes yace siempre adentro nuestro. Esto es lo que nos muestra la psicología experimental y el estudio de sesgos y heurísticos.  Vamos a aprender más sobre estos temas para comprender como se comportan los humanos cuando forman grupos.

Si pensamos que quienes forman parte de cultos son personas completamente diferentes a nosotros y que nunca nos uniríamos a uno, entonces vamos a relajarnos. No pondremos la suficiente resistencia y nuestros grupos seguramente terminaran siendo cultos.

Tenemos que entender que ni siquiera los nazis eran mutantes inherentemente malvados. Eran millones de personas comunes con cerebros que no difieren de los nuestros. La dinámica de un grupo puede hacer que personas perfectamente comunes cometan actos atroces.

Los humanos son animales pro-sociales. Son capaces de gran bien y tienen el potencial de guiar compasivamente a la vida sintiente de todo el universo. Pero también son capaces del odio y la irracionalidad más grande.

Sin importar la edad o el género, los humanos tienen una predisposición natural a odiar a quien no forma parte de su grupo.

El experimento de Robber’s Cave muestra que muchas veces todo lo necesario para generar rivalidad entre grupos es simplemente presentarlos.

Se reunieron a dos grupos de once niños cada uno. Todos los niños crecieron en entornos muy similares y poseían niveles prácticamente idénticos de inteligencia.

La rivalidad fue instantánea, y se generó incluso antes de que los experimentadores introdujeran las competencias. Un grupo se llamó a sí mismo “Águilas” y el otro se llamó “Serpientes”.

Las trampas en las competencias eran frecuentes. No solo eso, sino que los grupos cantaban canciones ofensivas, robaban objetos del otro equipo y tenían enfrentamientos físicos.

Cada grupo desarrolló un estereotipo positivo de sí mismo y un estereotipo negativo del rival.

Las Águilas se veían como agentes morales y decentes, que rezaban y no insultaban. Las Serpientes se empezaron a concebir a sí mismos como un grupo rudo y salvaje, que sabía más de la calle e insultaba frecuentemente.

La identidad de los grupos pasó a ser definida por el rechazo hacia el otro grupo y la afirmación del estereotipo propio.

Como señalé antes, todos los niños eran tan parecidos entre sí como podían serlo. Pero luego de unos pocos días de formar parte de un grupo, sus conductas se transformaron en caricaturas exageradas. Tal es el efecto de pertenecer a un grupo y de tener rivales.

Luego de una competencia o de un enfrentamiento físico, cada grupo contaba historias fantásticas sobre su victoria o sobre la inmoralidad del otro equipo. Muchas eran mentiras, pero todo se trataba de hacer quedar bien al grupo al que pertenecían y muy mal al grupo que odiaban.

Para un humano que pertenece a un grupo irracional, la verdad y la mentira ya no importan; todo lo que importa es afirmar el status del grupo.

¿Acaso no hacen esto muchos partidos políticos? ¿Por qué sucede esto?

 

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Ver también: Introducción a la ciencia de la racionalidad